Un largo y difícil camino

El contexto político y económico nacional e internacional somete a vaivenes la larga vida de la editorial en Argentina; sin embargo, su fundador sigue adelante, sosteniendo a los autores que la acompañaron desde su nacimiento y descubriendo a otros nuevos, sin dejar de publicar a los clásicos.

Gonzalo Losada no sólo se enfrentó a las sucesivas crisis económicas para mantener a flote su proyecto, también tuvo que capear la censura (en 1945, por ejemplo, ésta consideró “inmorales” u “obscenos” a autores como Balzac, Ovidio o Zola. Más tarde, constituyeron enfrentamientos memorables con ella la publicación de El amante de Lady Chaterley de D.H. Lawrence, y El reposo del guerrero de Christiane Rochefort). Tampoco cejó en su empeño de abrir las fronteras del negocio editorial (fue uno de los promotores de la primera Feria del Libro de Buenos Aires) y se enfrentó a las necesidades del gremio editorial hispanoamericano (promovió el diálogo entre los editores del área latinoamericana y la Península Ibérica, propuso estudios sobre la política del libro, la implementación de leyes de propiedad intelectual y amparo de los derechos legítimos de autores y editores, la unificación de los derechos de autor tras su muerte, la libre circulación de los libros sin trabas de ninguna especie, la reducción de tarifas postales, completas franquicias aduaneras, la creación de una federación de las Cámaras del Libro de América y España, etc.).